Algo más que un sentimiento

Seguramente dentro de muchos años, les diremos a nuestros hijos que disfrutamos del magistral fútbol de Zidane o que vimos a uno de los mejores equipos del mundo liderados por un argentino llamado Leo Messi; yo no. Otros se acordarán de la gran rivalidad y de los duelos espectaculares que hubo entre el Real Madrid de Mourinho y el Barcelona de Guardiola; yo no. Les contaremos a nuestros hijos que fuimos campeones de Europa y tan sólo dos años después del mundo; yo no. Cuando mi hijo me pregunte yo le diré que vi a Raúl González Blanco, que nunca me olvidaré del “Gran Capitán” y que disfruté del mejor jugador español de toda la historia.

Será difícil explicarle que no era el mejor en nada, que no era un delantero letal ante la portería, que no tenía el mejor pase final, que tampoco estaba dotado técnicamente y que incluso estéticamente dejaba mucho que desear. Pero a pesar de todo, le tendré que decir que sin duda era el mejor. Porque en el fútbol no todo se mide a través de las estadísticas ni todo son números al final de una vida; existen valores más allá que enamoran a toda una afición y existen elementos inexplicables que superan a la razón y convierten a un simple jugador en un símbolo.

Con permiso de Juanito, el “7” del Real Madrid se ha ganado a base de esfuerzo, compromiso y tesón, todos los elogios que no por casualidad, todos los mejores profesionales del deporte rey le han otorgado. La lista no tiene fin y empezando por Vicente del Bosque y terminando por el menos sospechoso Guardiola, coinciden en que la figura de Raúl González Blanco no es baladí.

En estos momentos en el que el fin justifica los medios, es bueno recordar que hubo un tiempo en que el significado de los valores que desprende el escudo del Real Madrid era mucho más importante que los títulos, y el abanderado de esta filosofía no podía ser otro que el sempiterno Raúl, convirtiéndolo en algo más que un sentimiento.

El mejor analista se quedará sin argumentos para ensalzar el papel del madrileño, pero el buen amante del fútbol sea del equipo que sea, se quedará sin tiempo para describir la trascendencia tan grande que supuso la figura del siete blanco.

La falta de perspectiva histórica ha sido muy injusta con Raúl, dentro de no muchos años, seremos conscientes de las proezas que este jugador realizó durante su larga carrera. El madrileño se convirtió en un símbolo tan grande para este país, que la salida de la selección nacional supuso no menos que en una cuestión de estado. Su profesionalidad tan grande, unido a un amor ciego por la “roja”, hizo que él mismo diera el relevo natural sin levantar la voz y dado ejemplo una vez más de cordura y humildad.

Por todo esto y muchísimo más, yo le diré a mi hijo que hubo una vez un jugador que transmitía orgullo, raza y pasión por sus colores; que hubo una vez que un jugador se convirtió en el mejor de la historia de España a base de compromiso, esfuerzo y profesionalidad; que hubo una vez que un jugador instauró un sentimiento. Le diré que hubo una vez un jugador llamado: Raúl González Blanco.

Carlos Mollá

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